THINKING

Cincuenta sombras de Gregorio

No es ninguna confusión, al apuesto Christian Grey le ha salido un rival: Gregorio. Con su corbata rosa fucsia, algo pasada de moda y llena de lamparones, se presenta este hombre que nada tiene que ver con el magnate que hacia suspirar a la ‘modosita’ Anastasia.

Cincuenta sombras de Gregorio

Y… ¿quién es entoces Gregorio? pues alguien muy cercano a nosotras, puede que incluso sea el hombre que duerme cada noche en nuestra cama… y es que si te has leído la trilogía completa de E.L. James y estás esperando a que aparezca tu particular Christian Grey te regale un cochazo, un móvil de última generación y un IPAD, quizás te quedes para vestir santos (como diría mi abuela).

Por este motivo, la escritora italiana Rossella Calabrò ha desmitificado a Grey convirtiéndolo en Gregorio. Una antítesis divertida pero algo exagerada porque los hombres de hoy en día, en mi opinión (aunque habrá de todo) no son tan marranos como pinta la autora al protagonista. Sin embargo, la comparación entre estos dos tipos de hombres me hace reflexionar sobre lo que en realidad buscamos las mujeres y lo que tenemos en casa ¿o es lo mismo?

Yo me quedo con la mezcla entre Grey y Gregorio, que todos los extremos son malos. Un hombre normal, con sus defectos, que quizás no sepa sacar siempre a esa diosa que da volteretas y volteretas hasta perder el control y desmayarse con sólo tocarme, pero que me haga reír y me divierta como nadie. Un hombre que sepa estar a mi lado en los buenos y malos momentos y con el que me lo pase en grande tomándome una cerveza en el sofá con la ropa de estar por casa y al que no le importe que no esté maquillada, ni peinada de peluquería, porque siempre me ve guapa (incluso con una coleta, legañas y el chandal).

Ni Grey ni Gregorio, porque nosotras tampoco somos ni Ana ni Lola (la mujer de Gregorio), sino un hombre al que se le pueda tocar y con el que compartir lo que nos depare la vida. Sin que nos parezca un dios griego superior a nosotras al que no podamos tocar, ni un hombre que ha dejado de valorar lo que tiene al lado y que ya no se preocupa por intentar enamorarnos cada día porque ya nos tiene seguras… Me niego a quedarme con uno de los dos y os animo a buscar la horma de vuestro zapato sin ponerle ninguna etiqueta porque la realidad siempre es mejor que la ficción.

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